Cuando la firma Loewe me encargó la interpretación escultórica de su bolso más icónico, el Amazona, me sentí sorprendido. Nunca antes había hecho algo parecido, ni desde el punto de vista formal, pues el eje de mi trabajo es la figura humana, ni por el hecho de trabajar sobre la obra de otro artista, Dario Rossi en este caso.
Estudiando el ejemplar de Amazona que me proporcionó Loewe percibí que las medidas me resultaban familiares. Entonces caí en la cuenta de que todo él estaba dimensionado con el número Phi ¡Estaba frente a un discurso realizado con la Sección Áurea, la Divina Proporción! ¿Tendría este hecho relación con su gran éxito? Inmediatamente el proyecto me atrapó.
Por decirlo de algún modo comencé un diálogo fuera del tiempo con Rossi, y capté a través de él la importancia de su trabajo. El Amazona fue creado en los tiempos de apertura de España al mundo, y definía a la nueva mujer, independiente, dinámica, cosmopolita. Cobré entonces conciencia de la importancia psicológica del mundo de los accesorios, de qué manera pueden afianzar la forma de una persona de desenvolverse en la sociedad, de posicionarse frente a ella y definir cómo debe ser considerada por ella. Relacionando todo ello con las decisiones artísticas de Rossi me sentí fascinado.
El resultado fue muy satisfactorio. Expliqué de forma escultórica cómo un diseño, una idea inmaterial, cruza el umbral hacia el mundo real y se transforma en objeto. Sé que lo logré porque todo el que se ponía frente al Amazona que hice interpretaba inmediatamente el argumento, la narrativa que dejé impresa en acero.

Esculturas de acero

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